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El lobito gris vendrá


Maria Marino




El lobito gris vendrá es una exposición personal del artista cubano Dashel Hernández. Dashel creció en la Cuba de finales de los setenta y principios de los ochenta.

Sin saberlo, su imaginación vivió atrapada en la lucha ideológica Cubano-Soviética en medio de la Guerra Fría[1] . Dashel fue uno de los tantos niños que en los países del campo socialista fantaseaba con participar en la carrera espacial. En sus sueños añoraba la nieve blanca que su mamá iba a traer de Moscú en una cajita pequeñita. Este niño (Dash / Javier Antonio) creyó encontrar en medio de sus fantasías un amigo especial del otro lado del mundo, un mundo que sin saberlo se estaba haciendo pedazos.

Esta exposición está basada en la mezcla de dos conceptos claves, el concepto de cultura material (testimonio físico de una edad o período, un modo de acercarse a la historia leyendo los residuos que quedan a través de los objetos), y memoria cultural (la construcción intangible de una idea del mundo, el legado que nos queda a través de la narrativa y la experiencia compartida de una comunidad específica). Como ha señalado el artista: Estoy interesado en crear una respuesta emocional y visual al mundo cambiante de mis memorias personales, como también a parte de la historia de mi país.

La idea curatorial de esta exposición se propone crear un espacio especial dedicado a la memoria del hombre y la mujer común de un pueblo que creyó estar luchando por un sueño justo, y despertó habitando una pesadilla. Este lugar especial para la recordación se conforma a través de lo que el historiador Pierre Nora denominaba construcción de “sitios de memoria”. La fotografía manipulada, los objetos, los sonidos, la conversación telefónica que escuchamos casi sin querer, son los restos de la historia de un país reconstruida a través de la mente de un niño.

Quisiéramos invitar al espectador a que dejándose afectar por las imágenes y los sonidos de esta exposición, cree su propia ruta para identificar los códigos sociales y las estructuras escondidas de un país, Cuba, con una historia muy particular. Quisiéramos que entreviera la esperanza de una generación tanto como su fracaso. Como nos recuerda  Jens Ruchatz, la fotografía privada establece el punto de partida para comprender aquello que no es visible a través de las imágenes. Este podría ser un modo de repensar el pasado guiándonos por los hechos que ya conocemos en el presente. Quizá de este modo podamos finalmente comprender por qué el pequeño lobo gris podría venir un día de estos por cualquiera de nosotros.

 


[1] Durante la década del sesenta Cuba solidificó sus relaciones con la Unión Soviética, pero no es hasta 1972 que integra el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), organización que ofrecía apoyo económico a países con economía socialista. A partir de ese momento la presencia de la Union Soviética en la isla fue evidente no solo en la instalación de los mecanismos burocráticos y de depuración ideológica, sino en el acercamiento al bloque soviético a través de intercambios académicos y culturales. Infinidad de productos soviéticos invadieron el mercado cubano, desde dibujos animados, juguetes, ropa y latas de comida, hasta la implementación del ruso como segunda lengua de enseñanza.




The Little Grey Wolf Will Come

The Little Grey Wolf Will Come is a solo exhibition by Cuban artist Dashel Hernandez. Dashel grew up in Cuba during the late seventies and early eighties.

The Little Grey Wolf Will Come is a solo exhibition by Cuban artist Dashel Hernandez. Dashel grew up in Cuba during the late seventies and early eighties and, without knowing it, was caught up in the Cuban-Soviet ideological struggle of the Cold War[1]. As a boy at school he played out his fantasies of the space race. At night, he dreamt of the snow his mother would bring back, in a tiny box, on her return from Moscow.

This boy (Dash/Javier Antonio) found a special friend in the middle of a world that was falling apart.

The exhibition is based on mixed concepts of material culture (physical testimony of an age or a period, a way to approach history through material objects), and cultural memory (the intangible construction and legacy of ideas, narratives, and shared experiences from a specific community or individual).  As pointed out by the artist, “I am interested in creating a visual, emotional response to both, my changing personal memories, and a part of my country’s history.”

The curatorial idea of the exhibition is to create a special space for remembrance. We want to produce a space to remember the ordinary women and men from Cuba who believed they were fighting for a fair dream and wake up one day living in a nightmare. A memorial that comes together, according to historian Pierre Nora, as the construction of a “site of memory”.

Dashel digitally manipulates the private photographs of his family (photos of his Mom’s trip to Moscow, photos with his brother at school, little ID pictures from different ages, etc.) to recreate an imaginary world that goes through the questioning of his own identity. This way he makes us realize about the fragility of nationalist discourses, and also the fragility of big battles and big names because behind them we can always find the anonymous faces of the never told small history. In many ways, the manipulated photography, the objects, the sounds, the video images of a dark room, and the unintentionally overheard phone conversation, are traces of a country’s past that have been rebuilt in a child’s mind.

We want you to follow and identify the social codes, the hidden structures, the hope of a generation as much as their failure. As Jens Ruchatz reminds us, private photographs are a starting point to remember what it is not visible in images. This is a way to address the past with the knowledge of the present. Maybe by doing this we can finally begin to understand why the little grey wolf could come one day for anyone of us.

 


[1] During the sixties Cuba got closer to the Soviet Union, but it is not until 1972 that it became an associate with CMEA (Council for Mutual Economic Assistance), an organization that offered economic support to countries with a socialist economy. Since that moment, the presence of the Soviet Union in the island was evident not only because of the bureaucratic and ideological depuration mechanisms, but also through academic and cultural exchanges. Many Russian products invade the Cuban market. We had Russian cartoons, toys, clothes and food cans, and in the school system Russian was established as a second language.

 

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