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Editorial


Gabriel Pilonieta-Blanco



La conclusión es que los ladrones están llevando a la crisis a Latinoamérica.

El proceso de impugnación de  la presidenta del Brasil Dilma Rousseff es el último grito del balance de poder de los medios y la fuerza de un gobierno de mantenerse como tal a pesar de las denuncias graves de corrupción y las mayores protestas políticas de los últimos tiempos en ese país.

Los escándalos de corrupción en la empresa Petrobras (que alguna vez dirigió la propia presidenta) que llevaron a juicio al izquierdista Lula Da Silva, y las acusaciones de hacer uso inapropiado del presupuesto, terminó por cobrar su cuota a la primera presidenta brasilera, quien al momento de redactar esta nota está a la espera de la votación en el senado de si procede la impugnación y se ve obligada a abandonar el palacio de gobierno al menos 180 días para enfrentar el juicio, o por el contrario puede seguir gobernando a los 200 millones de personas que viven en el país más grande de Suramérica.

A pesar de la votación que se avecina en el Senado, Rousseff dijo el martes que no caerá sin dar la pelea.

"Voy a luchar con todas mis fuerzas, utilizando todos los medios a mi alcance", dijo la asediada presidente durante una conferencia de mujeres en Brasilia. "Quiero asegurarles que para mí, el último día de mi mandato es el 31 de diciembre de 2018". Al tiempo que dijo que está "cansada de los desleales y los traidores, pero no de luchar". Según Rousseff, "uno de los componentes de este proceso ha tenido siempre base en el hecho de que sea la primera presidenta electa por el voto popular" en el país, pero "sepan que una parte de mi capacidad de resistir viene del hecho de ser mujer", añadió.

En esa lucha por el poder, es digno de hacer notar que un sesenta por ciento de los miembros del congreso que votarán a favor o en contra de la presidenta están, a su vez, bajo algún tipo de escrutinio o investigación. No sabemos qué tan grave ha llegado a ser la corrupción en este congreso, pero cuando el río suena, piedras lleva.

No muy lejos, la vecina Venezuela está pasando por un proceso de deterioro económico y político sin precedentes que terminará por tener un impacto tanto económico como político en toda la región. También en este país la oposición busca un referéndum revocatorio para sacar del poder al presidente Nicolás Maduro, a la vez que sufre la inflación más alta del mundo y una severa escasez de productos de todo tipo.

Como se ha repetido hasta el cansancio la crisis es política, social, económica, y sobre todo moral, tal como asevera el expresidente de Chile Sebastián Piñera, quien también establece la diferencia de la crisis entre estos dos países aclarando que Brasil tiene una salida institucional, mientras que en Venezuela no hay estado de derecho. Los últimos sucesos en ambos países han terminado por darle la razón. Ya el apoyo de otros países latinoamericanos y del Caribe al régimen izquierdista del país petrolero ha terminado por volar con el viento dejando un vago y áspero recuerdo, si no pregúntenles  a los nicaragüenses en qué quedaron los planes para refinar petróleo y los otros países que se quedaron esperando los dólares que nunca llegaron para los revolucionarios planes de desarrollo, que ahora sabemos que fueron despilfarrados o robados.

 

La conclusión es que los ladrones están llevando a la crisis a Latinoamérica.




Editorial

The conclusion is that thieves are leading Latin America to crisis.

The impeachment process of Brazil’s president Dilma Rousseff is the ultimate balance of power of the media and the power of a government to remain as such despite serious allegations of corruption and the largest political protests in recent times in that country.

Corruption scandals in Petrobras (company once led by the president herself) that took to trial the leftist Lula Da Silva, and charges of making improper use of the budget eventually took its toll on the first Brazilian female president, who at the time of writing this note, was awaiting the vote in the Senate whether the impeachment proceeds and she is forced to leave the palace of government at least 180 days to face trial, or conversely can continue to govern 200 million of people living in the largest country in South America.

Despite the looming Senate vote, Rousseff said Tuesday she will not go down without a fight.

"I am going to fight with all my strength, using all the means at my disposal," the embattled President said during a women's conference in Brasilia. "I want to assure you that for me, the last day of my term is December 31, 2018." She also said she is "tired of the disloyal and traitors, but not of fighting." According to Rousseff, "one of the components of this process has always been based on the fact that she is the first female president elected by popular vote" in the country, but "know that a part of my ability to resist stems from the fact that I am a woman," she added.

In this struggle for power, it is worth noting that sixty percent of the members of Congress to vote for or against the president are, in turn, under some kind of scrutiny or investigation. We do not know how bad corruption has become in this congress, but where there’s smoke, there’s fire.

Not far away, the neighboring Venezuela is going through an unprecedented process of economic and political deterioration, which will eventually have an impact both economically and politically throughout the region. Also in this country, the opposition is seeking a recall referendum to oust President Nicolas Maduro while suffering the highest inflation in the world and a severe shortage of products of all kinds.

 

As has been repeated ad nauseam, the crisis is political, social, economic, and above all moral, as asserts Chile’s former president Sebastian Pinera, who also establishes a difference between the crisis in these two countries, making clear that Brazil has an institutional way out, while in Venezuela there is no rule of law. Recent events in both countries have come to agree with him. The support of other Latin American countries and the Caribbean to the leftist regime of the oil country has ended up flying with the wind, leaving a vague and harsh memory, if not, ask the Nicaraguans what happened with the plans for oil refining, and the other countries that are still waiting for the dollars that never came to support the revolutionary development plans, which we now know were squandered or stolen.

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