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Editorial


Gabriel Pilonieta-Blanco



Estamos de luto, estupefactos, tristes, acongojados pero no derrotados.

Los resultados de las elecciones están muy lejos de lo que esperábamos días atrás. Nos han tratado de convertir en adversos, en enemigos y ahora llegamos a la hora de la reflexión.

La historia se escribe a cada paso y en el octavo día de noviembre, un día triste para millones de inmigrantes de todos los países, el desconcierto requiere un paso adelante, una acción inmediata que haga frente a los argumentos xenófobos que parecen prevalecer en este momento.

No podemos ver la realidad como un castillo de naipes que se derrumba de pronto.

Las múltiples luchas sociales de este país han tomado muchos años para construir un sistema que, poco a poco, va abriendo espacios a las minorías y a los que tenemos menos oportunidades.

Ojalá que el mensaje que durante su campaña tuvo el candidato Trump no sea el mismo que lleve adelante el presidente Trump; quien en su primer discurso como presidente electo dijo que será el presidente de todos los estadounidenses e hizo un llamado a la unidad. Dios quiera que la ponderación haya llegado a su corazón y que actúe con el aplomo que requiere un estadista para conducir a este gran país por los próximos cuatro años.

Nosotros mientras tanto, como minoría, debemos actuar unidos para defender lo que se ha logrado en materia de inmigración, educación y oportunidades, sin desfallecer o dejarnos llevar por pensamientos pesimistas.

El futuro es nuestro y nada ni nadie nos lo puede quitar.

Al fin y cabo el pasado ha estado lleno de promesas incumplidas y nadie sabe si las “promesas” del actual elegido serán cumplidas.

En este momento, debemos celebrar la vida, la diversidad, la alegría y no escondernos como si tuviéramos qué temer. Ha llegado la hora de defender nuestros ideales y de vociferar nuestras opiniones con la esperanza de ser escuchados y reconocidos dentro de esta, la gran democracia estadounidense.

Estamos obligados a ser optimistas y actuar en consecuencia aunque el luto embargue nuestros corazones.




Editorial

We are mourning, we are distressed, but we are not defeated.

The presidential election results are far from what we expected days ago. They have tried to make us adversaries, enemies, and now the time for reflection had come.

History is written step by step and this November 8th, a sad day for millions of immigrants from all nationalities, our bewilderment requires a step forward, and immediate action to take a stand against the apparent xenophobic victory.

We cannot see truth as a falling card castle.

It has taken years for all social struggles in this country to build a system that, little by little, has opened up for minorities and those of us who have less opportunities.

We hope that the messages Trump had during his campaign will differ from the messages Trump will have as a president. After all, last night in his first speech as United States President he called for unity and said he would be president for all Americans.

Meanwhile, as a minority, we must stand united to defend what we have achieved in terms of immigration, education and opportunities. We must not be overcome by pessimistic thoughts.

The future is ours and no one can take that away from us.

At the end of the day the past has been showered in unfulfilled promises and no one knows if the new president’s “promises” will be fulfilled.

Right now we must celebrate life, diversity and happiness. We must not hide as if we had something to fear. The time has come to stand up for what we believe and to voice our opinions in the hopes that we will be heard and recognized within this great American democracy.

 

We are obliged to be optimistic and to act in consequence in spite of the grief that overcomes our hearts.

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