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Breves/Briefs

Beneficios alimenticios para estudiantes



Beneficios alimenticios para 25.000 estudiantes serán enviados a las familias de Delaware a través del programa EBT del verano de DHSS


Food Benefits for Students

Food Benefits for 25,000 Students Being Mailed to Delaware Families through DHSS’ Summer EBT Program

Nuevo formulario para el Green Card



USCIS presenta un formulario rediseñado para los solicitantes de residencia permanente.

La agencia publica el Formulario revisado I-485 e instrucciones


New Green Card Application

USCIS Introduces Redesigned Form for Green Card Applicants

Agency Publishes Revised Form I-485 and Instructions

Deportes/Sports

ArtAddiction 2017



“Un Nuevo Despertar”


ArtAddiction 2017

"A New Awakening"

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Vivienda/Real Estate

Delaware va a la Universidad



TeenSHARP se asocia con el Departamento de Educación de Delaware para proporcionar a cientos de estudiantes de alto rendimiento en el estado de Delaware apoyo para admisiones universitarias


Delaware Goes to College Academy

TeenSHARP partners with Delaware Department of Education to provide hundreds of high-achieving students in the state of Delaware with college admissions support.

Salud/Health

¿Cuántas personas perderían cobertura?



Nuevos datos de Delaware muestran cuántas personas perderían cobertura a raíz de la nueva ley de salud del Senado de los Estados Unidos y cuántos millonarios recibirían recortes de impuestos.


How Many People Would Lose Coverage?

New Delaware Data Shows How Many People Would Lose Coverage from U.S. Senate Health Care Bill & How Many Millionaires Would Get Tax Cuts

Editorial/Editorial

Editorial



Muchas vidas, una pasión: la hípica.


Editorial

Many lives, one passion: horseracing.

Featured Stories

La Antorcha Guadalupana llega a Delaware.


Gabriel Pilonieta-Blanco




El martes 6 de diciembre 50 corredores con la Antorcha Guadalupana cruzaron la frontera en Maryland y Delaware.

 

La carrera de la antorcha Guadalupana que partió el 1ero de octubre de la Basílica de la Guadalupe en Ciudad de México, llegó a Delaware a las tres de la tarde en punto bajo una lluvia pertinaz que no detuvo en absoluto a los corredores que hicieron la etapa Baltimore- Wilmington. Este año la carrera organizada por la Asociación Tepeyac  cumplió sus primeros diez años creando conciencia tanto en los estados mexicanos que cruzan los corredores, como en los norteamericanos que los separan de su meta, la catedral de San Patricio en New York.

Los corredores a ambos lados de la frontera rezan porque regrese la paz a México y haya menos violencia, “para que nuestros niños, jóvenes y adultos vivan con mayor esperanza y dignidad”.

A su llegada a la Parroquia de San Pablo, justo dos horas después de cruzar la frontera del estado, los corredores rezaron un rosario a la Virgen de Guadalupe, le bailaron y cantaron y luego disfrutaron de un sabroso refrigerio preparado por los voluntarios de la parroquia.

Alicia, quien ha participado en la carrera desde el año 2002, comenta que “es un acto de fe, que me llena de emoción y energía de que las pequeñas cosas que andan mal van a mejorar, recuerda que las cosas no son muy fáciles para nosotros los inmigrantes”.

Por su parte la Sra. Lucía Margarita Romero, de 54 años, quien partió con los corredores desde Ciudad de México, nos contó que “este es el segundo año en que participo en esta carrera en apoyo de nuestros hermanos inmigrantes; traemos dos mensajes importantes, el primero pedir por la paz, y para que se apruebe el Dream Act  para los estudiantes que no pueden ir a la universidad”.

“Las 3.000 millas que separan el punto de partida y la meta, implican tener fe en que esta caminata le lleve este mensaje de amor a la gente”, dice Miriam Domínguez, coordinadora de la carrera en Wilmington, “somos mensajeros de paz, dignidad y justicia para todos, en suma mensajeros por la dignidad de un pueblo dividido por la frontera”.

 




The Guadalupana Torch arrives at Delaware.

On Tuesday, December 6th, 50 runners with the Guadalupana Torch crossed the border in Maryland and Delaware.

 

 

The Guadalupana Torch run, that left on October 1st the Basilica of Guadalupe in Mexico City, arrived at Delaware at 3:00 pm sharp under a persistent rain that absolutely did not stop the runners  that made the Baltimore-Wilmington leg. This year, the run organized by the Tepeyac Association, made it to its first ten years creating awareness both in the Mexican states that they cross and in the North American ones that separate them from their finish line: Saint Patrick’s Cathedral in New York.

Runners on both sides of the border pray for peace to return to Mexico and that there be less violence, “so that our children, youth and adults can live with greater hope and dignity.”

At their arrival to San Pablo Parish, exactly two hours after crossing the state line, the runners pray a rosary to the Virgin of Guadalupe, they danced and sang to her, and then they enjoyed nice refreshments prepared by the parish’s volunteers.

Alicia, who has participated in the run since 2002, says that “it is an act of faith, that fills me with emotion and energy that the small things that are not working will improve, remember that things are not that easy for us immigrants.”

Also 54-year-old  Ms. Lucía Margarita Romero, who joined the runners from Mexico City, told us that “this was her second year participating in this race in support of our immigrant brothers and sisters; we bring two important messages, the first one is to pray for peace, and also so that the Dream Act be approved in favor of the students who cannot go to the university.”

“The 3,000 miles separating the starting point and the finish line imply that one must have faith that this journey takes this message of love to the people,” says Miriam Domínguez, coordinator of the race in Wilmington, “we are messengers of peace, dignity and justice for all, in brief, messengers to the cause of dignity for people divided by the border.”

 

Las Hermanas van de Premio


Gabriel Pilonieta-Blanco




El 3 de noviembre pasado las queridas hermanas Rosa, Ascensión y María recibieron el premio por servicio comunitario voluntario del Condado de Sussex que otorga la gobernación del estado.

 

El trabajo de las hermanas ha sido arduo y tenaz, y detrás de ellas se mueven un número incierto de voluntarios, muchos de ellos anónimos, que han dado cuerpo a organizaciones como el Centro Comunitario La Esperanza, La Clínica de Salud La Red y la Casa Gardenia, un refugio para mujeres que han sido víctimas de la violencia. Pues bien, este trabajo ha sido reconocido por el Gobernador Jack Markell en una ceremonia que se llevó a cabo en Dover Downs el 3 de noviembre.

Acompañando a las hermanas se encontraban la Directora Ejecutiva de La Esperanza, Zaida Guajardo, la abogada Neda Biggs y personal de esa institución, así como voluntarios y amigos de la comunidad. Armando Yoc y su esposa Martina Roblero de Yoc, nativos de Guatemala, comentaron que “las hermanas son fundamentales en nuestra comunidad, sobre todo para los que no hablamos inglés, ellas siempre han estado allí para ayudarnos”. Además agregaron que su afecto y admiración por las hermanas llega a tanto, que a sus dos hijas gemelas Rosita Guadalupe y Patricia Ascensión, les pusieron el nombre en homenaje a las hermanas.

En un artículo publicado en este periódico en ocasión de la celebración del décimo aniversario de La Esperanza, nuestra gran amiga María Picazo contaba lo siguiente:

En Septiembre de 1994 llegaron a Georgetown Ascensión Banegas y Rosa Álvarez, Hermanas Carmelitas de la Caridad. La Hermana Ascensión venía de Nueva York después de realizar trabajo de inmigración en el South Side Community Mission durante 14 años. La Hermana Rosa llevaba 14 años trabajando en un albergue para mujeres sin hogar en Washington D.C. Un día decidieron presentarse en el Condado de Sussex con el compromiso de pasar un año en la zona porque una voluntaria del albergue, Pat Duchesne (quien estaba la noche del homenaje) retirada en Bethany Beach, les comentó sobre la creciente comunidad hispana del Condado de Sussex, sobre todo en Frankford y Selbyville, y la falta de servicios. Un año más tarde llegó la Hermana María Mairlot desde Silverspring, Maryland, donde había estado trabajando también con hispanos en una clínica del centro católico del lugar, ya que es enfermera. Estas tres ‘sores’ españolas ya se conocían, María y Ascensión desde su período de formación en España, y María y Rosa de su estancia años antes en Inglaterra. La última de las monjas fue Francisca Mota, que llegó cuatro años más tarde y que participó en la junta directiva de La Esperanza y en otras actividades, aunque su labor fue más directamente coordinando la Pastoral Hispana de los tres condados para la diócesis católica. En el 2006 fue trasladada a Washington.

Primero alquilaron una casa y enseguida Rosa comenzó a ocuparse del transporte de mujeres embarazadas y niños a sus citas médicas, a Servicios Sociales, etc., mientras que Ascensión comenzó el trabajo de inmigración desde casa, ya que no había otro lugar. “¡La gente llegaba de día y de noche!”, comenta, “luego ya comencé a trabajar desde la iglesia, después de la misa”. Al llegar María trabajó en la clínica ambulante Match Van de Delmarva Rural Ministries y después pasó a la Parroquia de San Miguel Arcángel en la Pastoral Hispana proporcionando formación religiosa a niños y adultos y dirigiendo el coro entre otras cosas. María pronto se encontró ayudando a las personas que intentaban comprar vivienda. “Todo empezó porque ayudaba a una agente inmobiliaria interpretando y ayudando a rellenar los formularios”. Luego se fue especializando y aprendiendo un poco los entresijos de lo que podía beneficiar o perjudicar a los compradores sin experiencia. “Recuerdo que la primera casa que compraron fue por $30.000. En cinco años unas treinta familias habían comprado casa y ahora ya son como cien”.

En cuestión de educación, las monjas opinan que la comunidad hispana ha cambiado mucho también. “Antes había que empujarlos y llevarlos a todas partes para que aprendieran inglés, mientras que ahora hay varios sitios donde enseñan, pero es difícil entrar porque siempre están todos llenos. Algunos se han sacado el GED (título equivalente a la escuela superior) e incluso hay personas que están estudiando en DelTech”, comentan entre María y Ascensión. “Al principio había muy poquitos hispanos, había mucho desconocimiento y miedo recíproco, ya que por un lado los americanos no tenían ni idea de quiénes eran esas personas, y por otro lado los hispanos temían a los americanos”, comenta Ascensión. “Al poco de llegar aquí, Rosa y yo pasábamos caminando por los ‘apartamentos rojos’ y los hispanos que andaban por allí al vernos salieron corriendo”, comenta Ascensión, “también fuimos a los apartamentos de Twin Cedars en Roxana, y todos los hispanos que estaban tranquilamente hablando en los balcones, en cuanto aparcamos, desaparecieron”. María añade, “como no estaban acostumbrados a la vida de aquí, los hispanos hacían cosas que los americanos podían encontrar raras, como cuando se cansaban de andar por la calle y se sentaban en el césped de cualquier casa o en los coches aparcados de la calle. Venían de sitios rurales y esto era muy rural y en aquella época permitían tener animales y un día entré en la casa y tenían unas gallinas corriendo por la cocina. Otro día de la tienda mexicana salió una cabrita. Todos los hispanos iban corriendo detrás de la cabra y al final resultó que pertenecía a una mujer hispana que había tenido una niña y se compró la cabra para darle la leche a la niña”.

Han pasado más de diez y siete años desde que llegaron “las monjas de Georgetown” como se las conoce, y sus sueños y deseos para la comunidad siguen igual de vivos. Ascensión: “Yo pido que haya una reforma migratoria positiva, que reconozcan la aportación de estas personas con su trabajo y su inversión en la economía del estado y del país. Son personas que pagan impuestos y seguro social y quisiera que todos llegaran a tener su residencia permanente”. Rosa: “Que en el hombre haya más responsabilidad familiar, que cambien esa forma de pensar y de actuar machista y que apoyen más a la mujer, que la respeten y la valoren más y que todos estos niños que están naciendo aquí entre estas dos culturas realmente crezcan saludables y que puedan tener un futuro mejor”. María: “Deseo que la comunidad siga creciendo y se siga integrando en la vida de este país sin perder sus valores familiares morales y religiosos”.

Como dijimos, las hermanas fueron a Dover a recibir un reconocimiento, muy bien merecido. Congratulaciones para ellas y todos los que hacen posible su trabajo por la comunidad.

 




Awards for the Sisters

Last November 3rd, our beloved Sisters Rosa, Ascensión and María were honored with the volunteer community service award of Sussex County granted by the state.

 

The sisters have done a hard and tenacious work, and behind them there are an uncertain number of volunteers, many of them anonymous, who have brought to life organizations such as the community center La Esperanza, the health clinic La Red and the Casa Gardenia, a shelter for women victims of violence. Now this work is being recognized by Governor Jack Markell in a ceremony that took place in Dover Downs on November 3rd.

La Esperanza’s Executive Director Zaida Guajardo, attorney Neda Biggs and this institution’s staff accompanied the sisters, as well as volunteers and friends of the community. Armando Yoc and his wife Martina Roblero de Yoc, natives from Guatemala, commented that “the sisters are fundamental in our community, mainly for those of us who do not speak English; they have always been there to help us.” They also added that their affection and admiration towards the sisters is such that they named their twin daughters after them: Rosita Guadalupe and Patricia Ascensión.

In an article published in this newspaper when celebrating the 10th anniversary of La Esperanza, our great friend María Picazo narrated the following:

Ascensión Banegas and Rosa Álvarez, Carmelite Sisters of Charity, arrived to Georgetown on September of 1994. Sister Ascensión came from New York, where she worked on immigration in the South Side Community Mission for 14 years. Sister Rosa had been working for 14 years in a shelter for homeless women in Washington D.C. One day they decided to come to Sussex County committed to stay for a year because one of the shelter’s volunteers, already retired in Bethany Beach, Pat Duchesne (who was there the night of the tribute), talked to them about the growing Hispanic community of Sussex County, mainly in Frankford and Selbyville, as well as the lack of services for this community. A year later, Sister María Mairlot arrived from Silverspring, Maryland, where she had been working also with Hispanics in a clinic from the town’s catholic center because she was a nurse. These three Spanish ‘sisters’ already knew each other: María and Ascensión from their training years in Spain; and María and Rosa from when they lived together years before in England. The last of the nuns was Francisca Mota, who arrived four years later and was a member of the board of directors of La Esperanza and also participated in other activities, although her work was more oriented towards the coordination of the Hispanic Pastoral of the three counties of the catholic diocese. She was transferred to Washington in 2006.

They first rented a house and immediately after that Rosa started to provide transportation to pregnant women and children to their medical appointments, Social Services, etc., while Ascensión started her immigration work from home, for there was no other place available.  “People started pouring in during the day time and also at night!” she says, "later I started to work from the church, after mass. “ At her arrival, María worked in the outpatient clinic Match Van from Delmarva Rural Ministries, and later moved to St. Michael the Archangel parish from the Hispanic Pastoral, giving religious instruction to children and adults and directing the choir, among other things. Suddenly María found herself helping people that were trying to buy a house. “It all started because I was helping a real estate agent with interpretation and completing forms." She gradually learned more about the ins and outs of what could help or damage non-experienced buyers. “I remember that the first house bought was for $30,000. In five years around 30 families had bought their homes, and today this number is close to 100.”

Regarding education matters, the sisters believe the Hispanic community has also changed a lot. “Before, they had to be pushed and taken everywhere to have them learn English, while today there are several places where the language is taught, although it is hard to get in because they are all full. Some of them have got their GED and there are even some of them studying in DelTech,” commented María and Ascensión. “At the beginning there were very few Hispanics; there was also a lot of ignorance and reciprocal fear because, on one hand, Americans had no idea who these people were, and on the other hand, the Hispanics feared the Americans,” says Ascensión. “After being here for a Little while, Rosa and I went walking down through the ‘red apartments’, and the Hispanics in the area ran after seeing us,” says Ascensión, “we went also to the apartments of Twin Cedars in Roxana, and all the Hispanics who were just talking and hanging out in their balconies, as soon as we parked, they disappeared.”  María adds, “because they were not used to life here, Hispanics did things the Americans found weird, like when they were tired of walking and just sat in anybody’s front lawn or in the cars parked in the streets. They came from rural areas, and this behavior was very rural. At that time, animals were allowed in the houses, so one day I entered my house and found some chickens running around the kitchen. Another day, a goat came out from the Mexican store. All the Hispanics were running to catch the goat and it turned out to be that the goat was from a Hispanic woman who had just given birth to her daughter and bought the goat to feed milk to the child.”

More than seventeen years have gone by since the “Sisters from Georgetown” (as they are known) arrived, and their dreams and hopes for the community are as alive as ever. Ascención: “I ask for a positive immigration reform, where the contribution of these people with their work and investment in the state’s and the country’s economy is recognized. These are people who pay taxes and social security, and I wish they could all have their permanent residency someday.” Rosa: “I hope these men become more family responsible, for them to change their thinking and chauvinist manners as to provide more support to their women, respect and value them more, and that all these children being born here among these two cultures grow healthy and with the possibility of a better future.” María: “I wish the community continues to grow and to integrate in this country’s way of life without losing its family, moral and religious values.”

As we mentioned, the Sisters went to Dover to receive a well-deserved recognition. Congratulations for them and to all of those who make possible their work for the community.

 

Vida/Life

Ramón Domínguez al Salón de la Fama de Delaware Park



El Jinete Ramón Domínguez,  el 10 de junio pasado fue inducido al Muro de la Fama de Delaware Park


Ramón Domínguez to the Delaware Park Wall of Fame

The Venezuelan Ramon Dominguez who dominated the jockey standings for almost a decade, was inducted into the Delaware Park Wall of fame, joining six other legendary riders.

Primeros Pasos



El 23 de junio fue la ceremonia de corte de cinta de Primeros Pasos Early Learning Center.


Primeros Pasos

Friday, June 23 was the ribbon cutting ceremony for Primeros Pasos Early Learning Center.

Perfile/Profile

La Reina del Sillín en Delaware Park



Carol Dyann Cedeño pasó la mayor parte de sus años de infancia corriendo sin zapatos y despeinada en el barrio Piñas en Toa Alta, Puerto Rico con un solo sueño en su mente y en su corazón.


She IsThe Queen of the Saddle at Delaware Park

Carol Dyann Cedeño spent most of her childhood running barefoot and disheveled in the neighborhood of Piñas in Toa Alta, Puerto Rico with only one dream in her mind and heart.

Cultura/Culture

Redescubriendo al Artista de Delaware Stanley Arthurs



El sábado 29 de abril a las 10:30 a.m., los Archivos Públicos de Delaware y la División de Arte tendrán una presentación en el edificio de los Archivos titulada “Redescubrimiento del Artista de Delaware Stanley Arthurs”


On Saturday, April 29, 10:30 a.m., Delaware Public Archives and Delaware Division of the Arts will present a program at the Archives building titled “Rediscoveri

On Saturday, April 29, 10:30 a.m., Delaware Public Archives and Delaware Division of the Arts will present a program at the Archives building titled “Rediscovering Delaware Artist Stanley Arthurs.

La Cultura Hispana en Delaware/Hispanic Culture in Delaware

Una para los libros



Hoy es un día sin precedentes en la historia de los Estados Unidos.


One for the record books

Today marks an unprecedented day in American history.

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