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Hacia ‘El otro lado’


Valentina Pilonieta-Vera




La crisis en la frontera –Primera parte

Vivir en Tijuana, Baja California, en la punta más norte de México, es como vivir en un realidad que tiene dos facetas, la luz y la noche, muy distintas pero íntimamente ligadas. Por un lado, están las personas que tuvimos la dicha de nacer en los Estados Unidos o de obtener la residencia/ciudadanía y podemos cruzar hacia San Diego con facilidad. ¿Qué significa esto? Podemos, todos los días si así lo quisiéramos, cruzar la frontera con Estados Unidos e ir a hacer el mandado, trabajar en San Diego, asistir a la escuela, aprovechar los beneficios que brinda esta potencia mundial mientras que continuamos viviendo en Latinoamérica.

Por otro lado, se encuentran las personas que nacieron en México, o en otros países del mundo, y que, por distintas razones, no pueden cruzar a los Estados Unidos. Vivimos junto a ellos, son nuestros vecinos, amigos, vendedores, conductores, albañiles, etc. Personas de buen corazón que se levantan todas las mañanas a trabajar y darle frente a la vida, siempre con la frontera en la cara. La frontera en Tijuana afecta el tráfico, el comercio, la política, y toda la vida de la ciudad. Si estás de un lado o del otro, depende de qué color es tu pasaporte, o de cuánto estas dispuesto a arriesgar para saltarle el gran muro (por cierto, hay dos muros altísimos que llevan años aquí).

Antes, me cuenta mi compañero de vida, veías a gente que buscaba cruzar la frontera pidiendo donaciones mientras que esperabas en la garita tu turno para cruzar. Ahora no es tan evidente la existencia de personas que buscan una manera de llegar al otro lado, pero todos sabemos que están aquí. Desde mayo del 2016, por ejemplo, se vio un incremento en el número de migrantes haitianos que llegaron a Tijuana con la esperanzar de pedir asilo o una visa humanitaria en los Estados Unidos. Todos los empezamos a ver: por las calles del centro caminando, haciendo fila en la garita o rondando en las colonias de escasos recursos. ¿Por qué la llegada repentina?

La Casa del Migrante es uno de 33 albergues que dan refugio a migrantes en transición liderado por el Padre Murphy. Fundada en 1987 por los misioneros Scalabrinianos, La Casa brinda servicio médico y psicológico, asesoramiento migratorio, capacitación para buscar empleos, comidas, sanitarios y una cama para descansar a varones migrantes mayores de edad. El sustento de la Casa viene en parte del gobierno mexicano, de organizaciones internacionales sin fines de lucro, además de donaciones de parroquias y personas tijuanenses. El Padre Murphy explica:

“Yo en mi mente estoy organizando a la Casa en cuatro etapas: la primera etapa comenzó en 1987 y duró veinte años y recibíamos a personas viajando de sur a norte. Los últimos diez años (2007-2017) es la etapa de las deportaciones influenciada por la política anti-inmigrante estadounidense y la militarización de la frontera que aumenta la dificultad para cruzar. En ese momento el 90% de las personas eran deportadas. La actual y tercera etapa comenzó el 26 de mayo del 2016 cuando un delegado de migración nos invitó, a las cinco casas de migrantes que existían en ese momento, a su oficina para decirnos que están llegando muchas personas como refugiados y pedirnos si les podemos abrir las puertas. Todos les dijimos que sí, pensando que la situación iba a durar dos semanas, y aquí estamos casi un año después y los números siguen creciendo. En ese momento éramos cinco y ahora somos 33 casas de migrantes debido al aumento  en el número de migrantes. Las otras 28 son iglesias cristianas que han abierto sus puertas. En ocho meses hemos tenido dos mil refugiados de 34 países. El 64% de ellos haitianos. En junio y julio llegaron tantas personas que de 40 personas que pueden dormir en esta Casa, teníamos 140 hasta tuvimos que aceptar a mujeres y niños”.

Los refugios han optado por una política de separación de hombres, mujeres y niños con el fin de minimizar conflictos. A dos cuadras de la Casa del Migrante, sin embargo, se encuentra el Centro Madre Asunta fundado en 1994 por misioneras Scalabrinianas. La congregación Scalabriniana da albergue a migrantes de todas las culturas para ayudarlos en sus largas y arduas travesías.

Del sur al norte

La frontera de Tijuana ha sido la puerta de entrada de cientos de miles de personas de diversos países latinoamericanos y, últimamente, de países tan lejanos como Costa de Marfil, Eritrea, Ghana, Guinea, Burkina Faso, Camerún, Senegal, Rusia, Pakistán, entre otros. Las personas que buscan cruzar por México normalmente no han conseguido una visa para entrar por aire a EE.UU y han decidido presentarse en persona frente a un oficial de migración para pedir refugio, asilo, o ayuda humanitaria, o han decidido jugarse la suerte buscando una entrada ilícita al norte. La situación de los haitianos que actualmente se encuentran en Tijuana no es muy diferente.

En el 2010 un terremoto desvastador arrasó con Haití. Murieron de más de trescientas mil personas y la destrucción de un país que ya se encontraba en precarias condiciones. Para sumar a la miseria, el terremoto fue seguido por una epidemia de cólera causada por representantes nepaleses de las Naciones Unidas.

Según nos cuenta el Padre Murphy, los haitianos que han llegado a Tijuana desde mayo no vienen directamente de la isla, sino que provienen de Brasil. Al parecer, tras el terremoto, Brasil otorgó visas humanitarias a miles de haitianos para que fueran a ayudar al país que se preparaba para celebrar el mundial de futbol (2014) y las olimpiadas (2016). Aunque muy buena la ayuda, el plan económico de Brasil no fue muy rentable y poco a poco empezó a caer la economía, los trabajos terminaron, y los haitianos recayeron en la pobreza. Para ese momento los Estados Unidos aún tenían una política de “temporary protection status”, la cual permitía que haitianos viviendo el país después del terremoto pudieran quedarse legalmente por 18 meses sin miedo a ser deportados. El Padre explica que este estatus se convirtió en un mito de ‘visas humanitarias’ que en la realidad solo significaba que los haitianos no podían ser deportados inmediatamente, si eran agarrados en la frontera, y sus casos debían ser llevados frente a un juez. Entonces, nos cuenta el Padre Murphy:

“Alguien organizó este plan para mandar gente al norte. La ruta comienza en Brasil y algunos cruzan hasta diez países para llegar hasta aquí y pagan 5 o 6 mil dólares en el camino. Y, curiosamente, parte del viaje más seguro fue entre Tapachula y Tijuana, no recibieron amenazas o robos, llegaron bien camiones llenos de haitianos y africanos. Lugares difíciles fueron entre Nicaragua y Costa Rica, siempre hubo problemas. Algunos nos contaron ‘fuimos por la selva, ahí encontramos cuerpos, gente que comió animales, algunos se traumaron y se quedaron allá muertos’. Otros vinieron por Colombia, que también es difícil para cruzar. Cuando preguntamos ¿Cómo cruzaste? Nos dicen pues en camión, caminando, lancha, a caballo…De promedio llegaron jóvenes de 33 años y muchas mujeres llegaron embarazadas y tuvieron sus hijos aquí”.

En una entrevista en el Desayunador Salesiano Padre Chava, un joven haitiano de 29 años, que prefirió mantenerse en el anonimato, nos contó que su travesía desde la isla comenzó en el país vecino. “Desde República Dominicana es más barato conseguir pasajes a Ecuador” nos contó, “y desde ahí me fui a Brasil”. Por la barrera idiomática no pudimos establecer cuándo se fue a Brasil, pero el joven nos comentó que desde los 17 años ha emigrado varias veces a la República Dominicana en búsqueda de trabajo y que, después de este último viaje, lleva dos meses en Tijuana a donde llegó por vía de Panamá (no está claro si por aire o por tierra).

El Desayunador fue uno de los cinco refugios que aceptó recibir a migrantes haitianos y africanos en marzo del 2016. “De mayo hasta la fecha hemos albergado unos cinco mil; en este momento tenemos 120 que nos quedan todavía” dice Claudia Portela una de las laicas salesianas a cargo del Desayunador. Nos contó también que la inmigración mexicana se ha portado muy bien con los migrantes haitianos. “Ha venido inmigración para ofrecerles la visa humanitaria con la cual pueden trabajar y sacarse sus documentos con más facilidad que a cualquier otro extranjero, y lo digo como extranjera – yo soy Uruguaya”, cuenta Portela, “hasta les están trayendo los papeles que tienen que rellenar aquí al albergue.”

A partir del 22 de septiembre del 2016 la secretaría de seguridad nacional (Homeland Security) de los Estados Unidos anunció que reanudarían las deportaciones de nacionales haitianos puesto que las condiciones de vida en Haití ya ‘han mejorado’. Sin embargo, dos semanas después se anunció que las deportaciones se detendrían temporalmente a causa del impacto que tuvo el huracán Matthew en la isla. Nuestro corresponsal anónimo nos comentó que en efecto las personas pueden regresar a Haití, pero que no hay empleos o manera de sobrevivir. Nos contó que perdió a su padre en el terremoto y que, por su trabajo en el campo, su madre, hermano, y él salieron ilesos. Nos cuenta el Padre Murphy, “En este mes [de enero] cruzaron gente de aquí que empezaron a mandar mensajes avisando que están en Haití después de una semanas detenidos en los Estados Unidos”. Las deportaciones se han puesto en marcha una vez más y ahora los haitianos, que temen al nuevo presidente norteamericano, no quieren cruzar ‘al otro lado’. En las palabras del Padre Murphy, “El sueño americano se ha convertido en el sueño mexicano”. En todo este transcurso de tiempo han llegado y cruzado 20.000 haitianos. Hoy en día hay unos tres mil de ellos están en Tijuana. Hasta ahora el gobierno de México se ha negado a declarar esta como una situación de crisis humanitaria.

¿Quieres ayudar?

El Desayunador acepta donaciones de comida y de dinero. Pueden contactarlos directamente por correo electrónico para saber que necesitan en este momento o visitar su página web: http://www.desayunadorsalesianotijuana.com/ Para donaciones monetarias: First Bank, cuenta #9486106354. Y para donaciones por correo convencional: PO.BOX 439056 PMB #19 San Ysidro CA. 92143-9056.

La Casa del Migrante actualmente necesita toallas para bañarse, ropa interior, calcetines, zapatos deportivos, y donaciones en efectivo.

Correo electrónico: casadelmigrantetjuana@gmail.com Teléfono: +52 (664) 682-5180

Página de Facebook: CasadelMigrante Tijuana.

 

Para donaciones monetarias: Bank of America, Fathers of Saint Charles, Casa del Migrante cuenta #3250 2014 7903. Para donaciones por correo convencional: P.O. Box 430387 San Diego, CA 92143-0387




To “The Other Side”

Crisis at the border – part one

Living in Tijuana, Baja California, in the most northern place in Mexico, is like living in a dual  reality, day and night, very different but intimately related. On one side, there are those of us who have been lucky to come into existence in the United States or who have obtained residency/citizenship and can cross to San Diego with relative ease. What does this mean? Every day, if we wish, we can cross the border into the United States and go grocery shopping, go to school, or go to work. We enjoy all the advantages of this global power while living in Latin America. On the other side, are the people who were born in Mexico or other countries of the world, and cannot cross to the United States. We live by them, they are our neighbors, friends, vendors, drivers, masons, etc. Good-hearted people who get up every morning to work and face life with the border under their nose. The border affects traffic, commerce, politics, and all aspects of life in Tijuana. If you are on one side or the other depends on the color of your passport or on how much you are willing to risk to cross the wall (by the way, there have been two tall walls for years here).

As my life partner tells me, before, you could see people who wanted to cross the border asking for money while you stood in line at the point of entry. Today, the existence of people who want to cross is not so evident, but we all know they are here. For example, since May 2016 there has been an increase in the number of Haitian migrants in Tijuana who are looking to file for asylum or a humanitarian visa in the United States. We all started to see them: walking through downtown, in line at the point of entry, or hanging out in the city’s poorest sectors. Why their sudden arrival?

The Casa del Migrante is one of 33 shelters that provides a safe haven to travelling migrants. Lead by Father Murphy and founded in 1987 by Scalabrini missionaries, the Casa provides males over the age of 18 medical, psychological, and legal services, job training, foods, restrooms, and a warm bed to sleep at night. The Casa is supported by the Mexican government, international non-profit organizations, local parishes and donations. Father Murphy explains:

“Mentally, I organize the shelter in four stages: during the first, beginning in 1987 and lasting twenty years, we received migrants traveling south to north. In the past ten years (2007-2017), we entered the stage of deportations influenced by anti-immigration policies in the United States and the militarization of the border, which made crossing more difficult.  At that point, 90% of our guests were deportees. The third and present stage began on May 26, 2016, when a Mexican immigration representative invited the five migrant shelters in Tijuana at the time to a meeting at his office in order to inform us of the arrival of thousands of refugees and to ask for our help.  We all agreed to help thinking the situation would last a few weeks; here we are a year later and the numbers keep increasing. At that point we were five, now we are 33 houses that have opened their doors to migrants. In eight months we have had two thousand refugees from 34 countries. Sixty-four percent are Haitian. In June and July we received so many migrants that, although we can only sleep 40, we accepted 140 people, including women and children.”

The shelters have opted to separate men from women and children in order to minimize conflicts. However, two blocks from La Casa del Migrante there is the Centro Madre Asunta shelter for women, which was founded by Scalabrini nuns in 1994. The Scalabrini congregation is directed towards providing shelter for migrants of all cultures during their long and arduous journeys.

From south to north

The Tijuana border has been the port of entry for hundreds of thousands of people from various Latin-American countries and, lately, from as far as the Ivory Coast, Eritrea, Ghana, Guinea, Burkina Faso, Cameroon, Senegal, Russia, Pakistan, among other countries. People who seek to cross through Mexico have usually not received visas to enter the United States by air and are looking to file for refuge, asylum, or humanitarian aid in person, or to play their cards by crossing the border illegally.  The current situation for Haitians in Tijuana is not much different.

In 2010, a devastating earthquake struck Haiti. Over 300,000 people died and the country, which was already in a precarious situation, was left in ruins. To make matters worse, the earthquake was followed by a cholera epidemic caused by Nepalese UN representatives.

According to Father Murphy, migrant Haitians did not come from the island to Tijuana but have come by way of Brazil. It seems that after the earthquake, Brazil gave humanitarian visas to thousands of Haitians in order to gain extra working hands in preparation for the 2014 World Cup and the 2016 Olympics.  Although Brazil’s heart was in the right place, its economic plan was unprofitable and, after both events, the economy came crashing down. Jobs were nomore and, once again, many Haitians were struck by poverty. At that time, the United States still had a Temporary Protection Status policy, which allowed Haitians living in the country after the earthquake to remain in the country for 18 months without being deported. Father Murphy explains that such protection status quickly turned into a ‘humanitarian visas myth,’ which in reality meant that all Haitians who crossed the border would not be immediately deported and that their cases would see a judge. So, Father Murphy reports,

“Someone organized that plan to send people north. The route started in Brazil. Some travel through up to ten countries before getting to Tijuana and pay between five and six thousand dollars on the way. Interestingly, the road between Tapachula and Tijuana was the safest; they received no threats are were not victims of robberies. Trucks full of Haitians and Africans arrived without issues. The part between Nicaragua and Costa Rica was troublesome. Some told us ‘we trekked through the jungle, we found dead bodies, people ate animals, some dropped dead on the way.’ Others came through Colombia, which is also a hard country to travel through. When we have asked them how they travelled, they have told us by bus, on foot, on boat, on horse… On average we received males around 33 years-old and many pregnant women who had their children here or on the way arrived as well.”

During an interview at the Desayunador Salesiano Padre Chava, a young 29 year-old Haitian, who preferred anonymity, told us that his journey began in neighboring Dominican Republic. “It is cheaper to travel from the Dominican Republic to Ecuador,” he told us, “and from there I went to Brazil.” Because of the language barrier we had a hard time establishing when he got to Brazi. However,t the young man told us that since the time he was 17 years-old, he has migrated various times to the Dominican Republic searching for jobs and that, after this last trip to Brazil, he travelled to Tijuana via Panama (it is uncertain if he travelled by air or land). He has been in Tijuana for two months.

The Desayunador is one of the five shelters that accepted to help Haitian refugees in March of last year. “Since May we have given shelter to around five thousand refugees; we currently have 120,” said Claudia Portela, a Dominican laywoman who volunteers and helps run the Desayunador. She also told us that Mexican immigration is behaving really well with Haitian migrants. “Immigration has come to offer them a humanitarian visa with which they will be able to work and issue all proper documents quicker than any other foreigner, and I can tell you this as a foreigner – I am from Uruguay,” says Portela, “they are even bringing the forms that the refugees need to fill out to the shelter.”

From September 22, 2016, U.S. Homeland Security announced that it would resume deportations of Haitian nationals according to “improved” living conditions on the island. However, two weeks after, they announced a temporary hold on deportations due to Hurricane Matthew and its impact on Haiti. Our correspondent told us that, in fact, Haitians can return to the island, but that there are no jobs or means of survival. He told us that he lost his father during the earthquake and that, thanks to being farm laborers, he, his mother, and brother were unharmed. Father Murphy told us, “This month [January] people that crossed to the other side have made contact to let us know that they are back in Haiti after a week of being detained.” Deportations have resumed and now Haitians, who fear the newly elected American president, do not want to go to “the other side.”

In the words of Father Murphy, “The American dream has turned into the Mexican dream.” Throughout all of this time Tijuana has received over 20,000 Haitians. Today, around three thousand remain in Tijuana. Up until now, the Mexican Government has refused declare this as a humanitarian crisis.

Do you want to help?

The Desayunador accepts food and monetary donations. You may contact them directly via email to ask what they are in need of or you may visit their website: http://www.desayunadorsalesianotijuana.com/

To donate: First Bank, account #9486106354

Address: P.O. Box 439056 PMB #19 San Ysidro, CA, 92143-9056.

The Casa del Migrante is in need of bath towels, underwear, socks, sneakers and cash donations. Email: casadelmigrantetijuana@gmail.com

Telephone: +52(664) 682-5180

Facebook: CasadelMigrante Tijuana

Donations: Bank of America, Fathers of Sain Charles, Casa del Migrante, account #3250 2014 7903

Address: P.O. Box 430387 San Diego, CA 92143-0387

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