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La Reina del Sillín en Delaware Park


Tamara Romero de Stock

Photo by Elaine Kucharski




Carol Dyann Cedeño pasó la mayor parte de sus años de infancia corriendo sin zapatos y despeinada en el barrio Piñas en Toa Alta, Puerto Rico con un solo sueño en su mente y en su corazón.

Carol Dyann Cedeño pasó la mayor parte de sus años de infancia corriendo sin zapatos y despeinada en el barrio Piñas en Toa Alta, Puerto Rico con un solo sueño en su mente y en su corazón.  Sabía desde entonces que las carreras de caballos eran su pasión y sin mayores obstáculos emprendió la jornada para sobresalir en una profesión tradicionalmente ejercida por hombres. Cuenta Carol que casi a los 16 años, su  primo que tenía caballos le  dijo, “mañana te voy a llevar para inscribirte en la escuela”. Los retos nunca la hicieron desistir, sólo quería montar caballos. Con permiso de su padre ingresa a la prestigiosa Escuela Vocacional Hípica Agustín Mercado Reverón de Puerto Rico, la misma donde se graduó John Velásquez, el jinete ganador del Derby de Kentucky de este año, iniciando así su vida en el mundo de la hípica.

Con empeño y en muy poco tiempo gana las carreras necesarias para salir del nivel de aprendiz. Según Carol, “en la primera carrera, tenía mucho nervio, estaba muy nerviosa. En Puerto Rico gané rápido”.

El ímpetu y talento de la jinete puertorriqueña no pasaron desapercibidos, y con la ayuda de un agente de montas, el hermano del entrenador puertorriqueño Ramón Morales, con quien Carol venía trabajando desde los inicios, se aventura a dejar su país y se reubica en Filadelfia.

En el 2007 empezó a montar en el hipódromo Filadelfia Park, actualmente llamado Parx Casino and Racing, donde para el 2008 ya era la líder entre los jinetes aprendices. Este logro le abrió las puertas de otros hipódromos del área como Monmouth Park en Nueva Jersey, Penn National  y  los del demandante circuito de la ciudad de Nueva York.

Alrededor de esos años también se convirtió en mamá de una niña, evento que la separó del sillín por un tiempo. “Volví  a montar porque me gustaba, no porque quería ser líder en las estadísticas. Montaba por pasión, no quería parar de montar. Después tuve a un nene y como al año, empecé a montar en serio”, recuerda Carol quien es una atleta natural que hasta ahora no tiene que esforzarse mucho para mantener el peso requerido y las condiciones físicas óptimas para dominar a los purasangres en la pista.

No siempre las cosas han salido muy bien.  Cuando despuntaba en Tampa, Florida sufrió una caída que le ocasionó una lesión en la espalda.  Su tenacidad no mermó durante su recuperación y pronto Carol estaba trabajando para recuperar las fuerzas y arribar en Delaware, donde entró con paso firme y una actitud ganadora.

Delaware Park, la tradicional estructura hípica del Primer Estado ubicada en las afueras de la Ciudad de Wilmington, ha sido por 80 años el trampolín para numerosos jinetes latinoamericanos.  Famosos jinetes se han cultivado en estas pistas antes de entrar a los hipódromos de mayor popularidad como el venezolano Ramón Domínguez quien ingresó al Salón de la Fama de la Hípica norteamericana el año pasado.

Aquí en Delaware Park, Carol ha encontrado el mayor de sus éxitos como jinete profesional.  Con una recomendación del jinete Alex Cintrón en mano, al principio un entrenador argentino le dio la oportunidad de montar algunos caballos.  A Carol no le tomó mucho tiempo dejar claro que su dedicación y talento eran valiosos. Ya para finales de esa primera temporada en Delaware Park montaba cuadras completas y lideraba la estadística.

Por tres años consecutivos la jinete puertorriqueña ha sido la reina del sillín en Delaware.  Carol confiesa que le encanta Delaware Park. “Ejercitar caballos en la mañana aquí es muy diferente a otros hipódromos donde he estado. Los caballos van más relajados a la pista, es muy diferente”. Junto a su agente de montas, Irwin Steinberg, tendrán hasta mediados de octubre para adueñarse de la corona  por cuarta ocasión en forma consecutiva.

Los protagonistas de la actividad hípica tienen que hacer innumerables sacrificios, incluyendo sus familiares. El horario de trabajo para los que están alrededor de los hermosos y atléticos purasangres inicia antes de la salida del sol y termina 13 horas más tarde.

“Desde las 5:30 a.m. empiezo a trabajar ejercitando caballos en el hipódromo y me quedo descansando y organizándome cuando hay carreras porque vivo como a 25 minutos. Llego a casa como a las 6:30 p. m. Es duro balancear el trabajo y la familia  pero mi mamá me ayuda mucho. Trato de estar con ellos en todos mis ratos libre y en muchas ocasiones los traigo al hipódromo porque aunque no esté con ellos, ven que estoy trabajando. No quisiera que siguieran mis pasos, prefiero que estudiaran”, resalta Carol.

Carol destaca también que la camaradería de los jinetes hispanos es única, y aunque ella siente que debe trabajar hasta el doble o el triple más que los otros profesionales en el hipódromo reconozcan se talento, los hispanos siempre la han tratado bien y con respeto. Para muchos, el que sea una mujer en un campo dominado por hombres, no es buena señal. Carol ha probado que no hay que rendirse y que con dedicación y humildad se vencen los obstáculos con resultados positivos.

“Se puede ser buen jinete, pero hay que asociarse con las personas correctas, el entrenador correcto que tenga los caballos correctos. Un entrenador que conozca y ponga los caballos en las carreras correctas para aumentar su opción, hay que ser realista”, dijo Carol.

Por ahora, Carol se prepara en Delaware para estar lista cuando llegue la oportunidad de montar en las carreras más reconocidas del país.  La madre y profesional reconoce que para montar caballos de esa categoría hay que ir a otros estados afectando la educación de sus hijos quienes se sienten muy a gusto en Delaware. Dice Carol que al principio se mudaban mucho, pero la nena entró a la escuela y no le iba bien, se atrasaba por cambiarla de escuela. Por ello tomó la decisión de establecerse en Delaware y desde entonces a su hija le va mejor en la escuela.

 

Para Carol la diferencia entre un excelente jinete y uno promedio son la humildad y el trabajo diario sin importar qué tan alto estés en este negocio.




She IsThe Queen of the Saddle at Delaware Park

Carol Dyann Cedeño spent most of her childhood running barefoot and disheveled in the neighborhood of Piñas in Toa Alta, Puerto Rico with only one dream in her mind and heart.

Carol Dyann Cedeño spent most of her childhood running barefoot and disheveled in the neighborhood of Piñas in Toa Alta, Puerto Rico with only one dream in her mind and heart.  She knew that horse racing was her passion and without major obstacles she started her journey to standout in a career considered traditionally only for men. According to Caron, when she was about 16 years old, her cousin who owned thoroughbreds said: “Tomorrow we are going to register you at the jockey school.”  The challenges never made her second guess her decision and with approval from her father, Carol starts her training at the prestigious Puerto Rican jockey school known in Spanish as the “Escuela Vocacional Hípica Agustín Mercado Reverón,”  same school attended by John Velásquez, the jockey who won the Kentucky Derby last May 6th.

With determination and in a short time Carol started winning the races needed to move out from the apprentice status.  “I was very nervous on my first race, I got my first winner in Puerto Rico in a short time,” said Carol.

The commitment and talent of the Puerto Rican wasn’t overlooked by others in the industry and with the help of a compatriot jockey agent and brother of the thoroughbred trainer Ramón Morales, Carol left her native country and relocated in Philadelphia.

In 2007, she started riding what was at the time Philadelphia Park, known today as Parx Casino and Racing, and for 2008 she was already leading the apprentice jockey standings. This accomplishment opened the doors of other racetracks in the area such as Monmouth Park in New Jersey, Penn National and the demanding tracks of the New York circuit.

Around this same time, Carol became the mother of a baby girl. This event separated her from the racing activity for a while. “I went back to riding horses because I love it, not because I wanted to be the leading jockey. I was riding for the passion; I did not want to stop riding. Later, I got pregnant for the second time and about a year later I returned to riding,” said Carol who is a natural athlete and don’t face the challenge of having to work extra to maintain the required weight and stay fit to handle the heavy thoroughbred at the track.

Things not always went smoothly. When she was at her best moment in the Tampa area, she took a spill hurting her back.  Her tenacity did not decrease and in a short time Carol was already exercising horses arriving in Delaware, where she entered with a solid step and a winning attitude.

Delaware Park, the classic looking horse racing facility of the First State, located in the outskirts of Wilmington, has been for 80 years the trampoline to many Latin American jockeys. Numerous riders have developed in this place before becoming famous at more popular racetracks such as the Venezuelan Ramón Domínguez who was inducted in the horse racing Hall of Fame last year.

Here at Delaware Park, Carol has found the most of her success as a professional horse rider. Recommended to an Argentine trainer by jockey Alex Cintrón, she started riding and winning some races in Delaware. It did not take long for Carol to make a statement and to show how valuable her dedication and talent were.  By the end of her first season at Delaware Park she was already at the top of the standings.

For three consecutive years the Puerto Rican female rider has been the Queen of the Saddle at Delaware Park. Carol confesses that she loves Delaware Park. “Exercising horses in the morning here is very different than at other tracks. The horses get to the track much more relaxed, it is very different.”  Along with her agent, Irwin Steinberg, they have until mid October to conquer their fourth jockey crown in a consecutive way.

The main players in the horse racing industry are forced to make numerous sacrifices, including their family members.  The working hours for those around these beautiful and athletic animals start before the sun comes up and ending about 13 hours later.

“I start working and exercising horses as early as 5:30 a.m. every day and I often stay at the racetrack resting and organizing myself for the races in the afternoon because I live about 25 minutes away.  I get home around 6:30 p.m. It is very hard to balance work with my family life and my mother helps me a lot. I spend every minute off with my children and in occasions I bring them to the track, even when not with them, they can watch me riding. I really don’t want them to follow my steps, I wish them to get an education,” said Carol.

She also highlights the unique camaraderie among the Hispanic jockey colony at Delaware and even when she feels the need to work twice harder for other professionals to recognize her talent, the Hispanic riders have always treated her well and with respect. To many, the fact that she is a female rider in a field dominated by men is not a good thing.  Carol has not given up and proven that with dedication and humility you can overcome obstacles and get positive results.

“You can be a good rider, but you also need to associate with the right people, the right trainer with the right horses. A professional trainer with experience in handicapping his horses in the right race to increase their chances, you have to be realistic,” stated Carol.

For now, Carol is working in Delaware to be ready for when the opportunity to ride in bigger races arrives. The mother and professional recognizes  that to be able to ride in bigger races she needs to travel to other states affecting her children’s education who seem very comfortable in Delaware. Carol said that at the beginning of her journey they used to move too often and her daughter was not doing well at school because she was always behind with every move. For this reason she made the decision to settle in Delaware and ever since, her daughter has improved her grades.

 

To this young female jockey, the difference between an outstanding jockey and an average one is humility and hard work every day even when they are at the top of their career.

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