Tenemos una tendencia, algunas veces justificada, a rechazar a los convictos por algún crimen. Basta que alguien mencione que ha estado en la cárcel para que un bombillo rojo se encienda en nuestra cabeza, “¡cuidado!”, suena una alarma, y nos ponemos en alerta. Esto es normal porque sentimos que podemos estar en peligro. Lo que no nos preguntamos es qué oportunidades tienen los que han cometido un crimen de reincorporarse a la sociedad después de que han cumplido con su condena.
Crime, Punishment, and then what?
We have a tendency, sometimes justified, of rejecting convicts of a crime. It only takes someone to mention that they have been in jail for a red light bulb to go off in our head, “beware!” an alarm goes off and we become on guard. This is normal because we feel we may be in danger. What we do not ask ourselves is what opportunities those who have committed a crime have of reinserting into society after completing their sentence.